Entrevistas

8 DE MAYO DE 2017 | DE ÍDOLO A COMPAÑERO

La dicha de ser alumno y paciente de Lacan

Jean Michel Vappereau, el analista y matemático francés fue alumno y paciente de lacan. Durante más de diez años trabajó junto a Jacques Lacan, como alumno y como paciente. Los detalles del encuentro.

Por Lic. Carolina Duek
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- ¿Cuál fue su relación con Lacan? ¿Cómo accedió a él?

-Lo que me condujo a encontrar a Lacan es simple y magnífico, se debe a gente de simplicidad y atención extraordinarias, digamos de inteligencia, entre grandes eruditos.
El profesor J. T. Desanti era el director de la Escuela Normal Superior de Saint Cloud y acababa, a los 55 años, de sostener su tesis de doctorado publicada en: « Las idealidades matemáticas » y que empecé a leer en ese momento. Estamos en 1969.
No habiendo encontrado lugar en la Sorbonne en filosofía, el profesor Desanti había sido recibido por Robert Jaulin en su departamento de etnología en la universidad Paris 7- en el emplazamiento del Mercado Central del vino - Jussieu, donde propuso una suerte de seminario semanal que trataba sobre el movimiento de las ideas matemáticas.
Yo era estudiante en el segundo ciclo de matemáticas en el mismo piso en el mismo edificio de esa universidad y caminando por el pasillo para tomar un ascensor, leí el anuncio de su curso. Me presenté y comencé a asistir cada semana sin jamás inscribirme.
Desanti nos había propuesto hacer exposiciones y Allal Sinaceur me presentó a Françoise Kerleroux, una amiga profesora de lingüística en Nanterre, a fin que preparemos juntos una exposición cada uno. Ella quería estudiar la Lógica matemática conmigo y yo deseaba estudiar la lingüística de N. Chomsky con ella.
A fin de año, Françoise expuso la crítica de Saussure por O. Ducrot y yo por mi lado rehice la demostración de Chomsky para un concurso de la US Navy en el cual ganó el primer premio, donde se pedía un programa de traducción automática del inglés al vietnamita, con el objeto de hacer panfletos automáticos de propaganda.
Chomsky estableció la imposibilidad de un tal algoritmo por el hecho que la lengua inglesa no es un proceso markoviano en estados finitos. En una lengua: "Lo que puede más no puede lo menos." Es le problema gramatical como tal.
Una gramática que produce y reconoce secuencias elegidas teniendo una complejidad dada, no puede ni reconocer ni producir entre los precedentes de las secuencias teniendo más regularidad. Eso fue el primer año.
Allí encontré gente joven de mi edad curiosos y apasionados como lo era yo mismo en esa época. Todos leíamos a Lacan en sus Escritos recientes y no teníamos ninguna transcripción de su seminario. Eso divirtió mucho al profesor Desanti.
Al comienzo del tercer año, en 1971 Desanti me propuso darle, si yo estaba de acuerdo, mi número de teléfono al doctor Lacan quien lo abrumaba con preguntas todos los días, asediándolo en su departamento de la calle Bac.
Ustedes pueden pensar que yo estaba encantado.

Desde el primer llamado por teléfono- yo vivía en la casa de mi abuela, ella responde y Gloria la secretaria de Lacan le dice que el doctor Lacan quería hablarme- fue apasionante.
Al explicarme cómo llegar a su casa, el doctor Lacan, a fin de ser lo más preciso posible, buscaba la palabra pertinente para indicarme que una vez pasada la puerta del edificio y atravesado el patio, la puerta que se abre sobre la escalera...y ahí busca cómo decirlo ... y encontrando la palabra, me dice...
"después de la primer volea de la escalera, cuando está en el pallier, llame en la puerta de mi departamento."

Es así como empezamos a vernos varias veces por mes, como yo era joven y sin un centavo, me invitaba a almorzar o a cenar en diversos restaurants del barrio, en Saint Germain des prés.
Y hablábamos de filosofía de las ciencias: la llamada epistemología pero sobre todo de matemáticas, de filosofía y de historia de las matemáticas a propósito de las cuales yo leía muchas obras y conocía cada vez más luego de frecuentar los cursos de Desanti.

Yo creo ahora que él quería probarme a propósito de lo que yo hacía y lo que sabía en matemáticas. Un día, en la mesa, en el restaurante en frente de su casa, me plantea una pregunta: "¿Qué es un cuerpo arquimediano?"
Por supuesto, buena pregunta, mayor desde Eudoxe, Pascal e incluso desde Cantor.
Ahora bien, por suerte, por azar, yo venía de preocuparme por los axiomas del cuerpo de números reales. Ese cuerpo es arquimediano y tenía fresca la definición de esa propiedad.

Un día en la casa de su mujer señora Sylvia Lacan, en el edificio vecino al suyo, calle Lille, en el almuerzo, había muchos llamados telefónicos para él y ella le decía que vaya a descansar al campo, que todo eso no tenía importancia, bromeaba. El respondía mediante humoradas relativas a la vida conyugal para divertirnos.

En otro momento, en ocasión del comentario por escrito que acababa de entregarle ese dia, en respuesta a una carta en la cual él me interrogaba a propósito de las cónicas griegas, hablábamos y él se dió cuenta que había olvidado la existencia de la parábola entre la elipse y la hipérbole entre esas curvas, era el objeto de esa nota que le había hecho. Cuando comprendió su error, me dice, inclinándose hacia mí: "¿Cómo mi intuición ha podido engañarme a ese punto?" Yo sonreí, lo encontré delicioso y divertido: esa era una cita de Poincaré. Y me preguntó de pronto: "¿Cómo vive usted en París?"

Pero eso no me interesaba mucho, aún si con el tiempo soy reconocedor de su atención. Yo no era desdichado pero estaba desesperado, después de la muerte de mi abuelo a quien adoraba y a causa de una joven mujer de la cual estaba locamente enamorado.
Ese año, fines de julio de 1972, lo llamé por teléfono a Lacan para ir a verlo y le dije que quería hacer un análisis con él. Rompió sus anteojos queriendo limpiarlos, Gloria vino a ayudarlo.
Luego, como estábamos en la víspera de su partida, me dijo que vuelva en septiembre porque se iba de vacaciones. Lo que hice un mes después.

Nuestras relaciones cambiaron porque yo le llevaba a menudo cosas que había escrito o construcciones de geometría y collages que realizaba a propósito de diversos temas: mis padres, mi familia, mis apreciaciones subjetivas. Si le decía que había escrito un pequeño texto sobre la memoria y el olvido, él me decía en seguida: "Tráigamelo, quiero leerlo." Jamás volvía a ver mis manuscritos.
De su lado, a menudo, me daba a leer textos o incluso cartas y libros, que él había recibido a fin que se lo comente.
Si llevaba conmigo un libro que estaba leyendo, cuando se trataba de filosofía, como una vez « ¿QuE es una cosa? » de M. Heidegger, me preguntaba : "¿Por qué lee usted eso?".
Si se trataba de psicoanálisis: « La estructura del harem » de A. Grosrichard: "¿Usted lee eso?".
O de matemáticas « Teoria de los modelos » de G. Kreisel y J. L. Krivine, lo hojeaba un momento y hacía preguntas, luego cerrándolo me decía: "Conozco bien todo eso.". Yo no lei el seminario donde él habla de eso, a propósito de la teoría de conjuntos, en « d'un autre à l'Autre », sino quince años después, a fines de los años 1980.

La situación cambió para mí cuando Lacan citó mi nombre a propósito de mi construcción del nudo Bruniano durante la segunda lección de su seminario «la topologie et le temps » en 1978. Luego al final de ese seminario me invitó a hacer allí una exposición relativa a sus cuatro primeros seminarios publicados por Seuil que titulé « Máquina de escribir, máquina de leer ».
En esa ocasión Lacan concluyó, al lado mío, para mí, en voz baja,: "Es loco todo lo que pude decir."
La gente de su Escuela que yo frecuentaba de manera regular y privilegiada, al mismo tiempo me rehusaban dar cursos, de Lógica por ejemplo, en el departamento de psicoanálisis. Pero cuando se enteraron: ¿Usted lo conoce a Lacan?", cambiaron de actitud. De la noche a la mañana las puertas se abrieron.
Mientras, estudiamos de una manera tan sostenida como apasionante con Pierre Soury, él y yo desde 1974, durante la depresión que conoció en ese momento y de la cual salía.
Desgraciadamente, tras la interrupción del seminario de Lacan un año antes, se suicidó, tres meses antes de la desaparición del doctor Lacan..

-¿Cómo cree ud. que está el psicoanálisis en la actualidad?
-Catastrófico ! Pero es fatal. Demasiado pronto. Cuando Lacan desapareció, yo creía, en mi ingenuidad aún juvenil, que después de haber denunciado las carencias de los postfreudianos, Lacan dejaría detrás de él a los neo lacanianos, un estado de cosas diferente. Una suerte de ruta abierta a quien lo desee sin más derivas posibles.
Pero me di cuenta que las cosas no ocurren así. Sin duda también por el hecho de los ataques violentos y de las tentativas de malversaciones de las cuales soy objeto desde entonces.
Por el hecho de mis trabajos que tratan sobre el psicoanálisis, aportando precisiones necesarias a los debutantes, sin vacilar en recurrir a lo que Lacan ha dicho y escrito a propósito de su álgebra de la cual depende la reconstrucción de la dialéctica que ha practicado durante más de veinte años, seguido del pasaje necesario a su topología.
En algunos años he terminado por admitir que la fundación del psicoanálisis freudiano por Lacan, no ha podido conducirlo más que a quedar estrictamente freudiano hasta el fin de su vida, sin más
Pero la situación lacaniana que él ha instalado para nosotros nos propone otra cosa, conexa al reconocimiento de la emancipación que ofrece el psicoanálisis, por el hecho de no poder hacer nada por los otros a pesar de ellos.
Ellos hacen lo que pueden por ellos como cada uno de nosotros.
Siendo ya bastante raro no perjudicar a los otros, se impone a cada uno hacer lo necesario por sí mismo, comprometiéndose, no pudiendo los demás hacer nada por mí más que su presencia y su alteridad que me es más que necesaria por el hecho del deseo.

Lacan ha cumplido esta escansión mediante la repetición de la experiencia bajo el aspecto de un comentario crítico hablado de la obra escrita de Freud, en el curso de los veintisiete años de su análisis dirigiéndose en su seminario a la mirada del público compuesto de supuestos analistas.
El psicoanálisis inventado por Freud está ahora fundado.
No tiene más necesidad de partidarios para protegerlo o defenderlo. El tiempo de Freud que inventa, el tiempo de Lacan que funda, han pasado. Hoy la cuestión que nos concierne a cada uno consiste en decidir lo que queremos hacer y lo que hacemos del psicoanálisis.

El no está más en peligro y dos opciones parecen proponerse: O reducimos el psicoanálisis a un acontecimiento histórico que ponemos en un cajón escribiendo encima: "PSICOANÁLISIS", para encerrarlo como en un museo.
Numerosos personajes piensan en ello o ya lo han decidido así. Creando como por ejemplo en Francia una llamada: "Asociación de historia del psicoanálisis" que busca hacer academia, una cueva de burócratas, otorgando premios honoríficos anuales.
O consideramos que se trata de una tarea de civilización en la época de la ciencia consagrada a la tecnología que conduce a los imperialismos.
- La primera cosa a hacer en ese caso considerable es hacer su psicoanálisis encontrando un psicoanalista a quien hablar in vivo en un territorio (libido) subjetivo. Lo que no es fácil en nuestros días pero no es sin solución.
- Luego construir el lazo social analítico, el discurso del psicoanálisis con sus efectos reales en la ciudad si hay publicaciones.
Ese lazo consiste en
- carteles que permutan y no se fijan por más de dos años,
- foros,
- revistas aleatorias que no publican más que elementos discutidos por los carteles y que proponen auténticos resultados (no la publicación por la publicación, por lo tanto sin obligaciones de regularidad por calendario),
- ediciones de libros de psicoanálisis.

jean michel Vappereau,
Balvanera, 13 de abril de 2017
Traducción: Paula Hochman Vappereau


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