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20 DE NOVIEMBRE DE 2019 | PSICOANÁLISIS Y GÉNERO

Poner nombre a un malestar en una formulación colectiva

Se aborda el impacto del estallido de las relaciones de género en la adolescencia desde una perspectiva de psicoanálisis y género en el campo clínico, social e institucional.

Por Débora Tajer
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Estamos hablando de: Situaciones abusivas, denuncias por esos abusos y acciones autogestivas de defensa llamadas escraches.

Un fenómeno con epicentro en la Ciudad de Buenos Aires: acciones autogestivas de defensa. Lo demás: situaciones abusivas y denuncias de abusos, están pasando en muchos otros lados.

La particularidad de Buenos Aires (Conurbano, La Plata), es el movimiento “no es no” en las escuelas secundarias. Que le pudo poner nombre a un malestar en una formulación colectiva, a partir de un fenómeno colectivo masivo como #Niunamenos y también la participación adolescente en los Encuentros Nacionales de Mujeres.

Esto aparece en los consultorios, en las instituciones y en las familias.

Quien tenga algún/a adolescente en el consultorio, aula, familia está en contacto con alguna piba que teme o denuncia ya haber sido abusada o algún pibe que teme o que ya ha sido escrachado.

Es un fenómeno colectivo, que se manifiesta en padecimientos singulares. Es la crisis de legitimidad del sistema patriarcal, con el estallido del orden sexual de la modernidad. Y como esta impactando en este caso, en la población adolescente. De ahí su importancia de ser abordado desde la perspectiva de género y psicoanálisis.

Desde una posición que no avale la impunidad, pero que su vez no sea punitivista.

A - ¿Cómo llega al consultorio?

Caso 1. Un pibe de 25 años me consultó y me dijo: “me mandé un moco con mi ex novia hace unos años y ella me escrachó hace poco en redes”. Nunca me dio detalles de a qué se refería con mandarse mocos. Me lo tuve que imaginar.

Y ahí repasé mentalmente:

¿La habrá forzado a tener situaciones sexuales que ella no quería?

¿Se habrá aprovechado en alguna fiesta cuando ella estaba borracha o fumada y la habrá forzado a tener sexo con varios chicos?

¿Habrá sido violento con ella para resolver un conflicto?

¿La habrá dejado plantada sin aviso?

(Este es el espectro, amplísimo. No es el caso, pero muchos femicidas, también dicen “me mande un moco”)


Solo me cuenta y sabe que lo que hizo no está bien, pero también me cuenta que lo sabe ahora, no lo supo entonces.

Recuerda que una vez la vio muy enojada, y le preguntó que le pasaba.

La escuchó, pero le pareció que ella era una exagerada, porque no entendía que los hombres “somos así”, que tendría que ser mas piola y abierta.


Eso pensaba entonces. Hoy piensa diferente y también sabe que eso que hizo, causa dolor.

Y me cuenta y le creo, que él no lo sabía en ese momento.

-¿Sabes lo que realmente me pasaba y me doy cuenta hoy? Que en realidad no pensaba en el dolor que podía causar lo que yo hacía en las otras personas y menos en las mujeres. Hacía lo que me pintaba o me interesaba.

Y ahora que sé, quiero saber ¿puedo hacer algo con esto?

¿Mi pasado me condena o hay algo que pueda reparar?


A mí no me deja de sorprender que hayamos podido llegar como sociedad a este momento en el cual los varones empiezan a cuestionarse sus privilegios y el dolor que los mismos pueden causar en les otres.


Y afortunadamente hay mucho que se puede hacer para cambiar y no dañar.

Él puede hacer muchas para mejorar la situación.

Te sugiero que le pidas perdón, que le escribas y le expliques que vos ya no sos el que eras. Qué te gustaría hablar con ella y decírselo. Que hoy te importa lo que causás en les demás y que tratas de no herir a nadie, en lo que puedas evitarlo.

-¿Qué pasa si ella no me contesta o no le interesa estar en contacto conmigo?


No insistas, quedá a disposición.

Se va a dar cuenta que sos sincero y algo se reparará en ella y en vos.

Incluso si no vuelven a hablar más.

Respetá su no.

Aprendé de la situación y salí diferente. Que no sea solo una estrategia para seguir haciendo lo mismo, pero sin costos.

-¿Y por qué pensás que yo pude hacer esas cosas que hoy me parecen mal?

Te enseñaron desde chico a utilizar una doble vara. No te dijeron que no se le puede hacer a una mujer, lo que no le harías a tu amigo. Y entonces, te permitiste ser “garca” con las mujeres y te cuidaste de ser ético con los amigos. Eso es lo que hoy se llama ser un machirulo. Y es parte de lo que no va más. A eso se refieren las chicas cuando dicen: no es no.

La doble vara: tema que yo he trabajado mucho y que está en un artículo que se llama que quiere un hombre. El tema de la configuración del campo del semejante en la propuesta de la masculinidad hegemónica. Las mujeres no entran en el campo del semejante. No es una incapacidad de reconocer la otredad, no son perversos, en su mayoría. Sino que los miramientos éticos son solo con quienes son percibidos como semejantes: los otros varones, los del mismo club, clase, etc.

Lo ha trabajado Irene Meler en un artículo donde diferencia perversión de propuestas perversas.

Y esto debe poder entrar en dialogo con algo que señala también Irene Meler cuando habla de los varones corporativos, lo trabaja Eva Illouz en “Porque duele el amor….” y Tamara Tenembaum en “El fin de amor…”:

“La asimetría en el mercado sexo afectivo. Los varones saben que por cotización de los dividendos patriarcales, porque están menos apegados al amor romántico, porque tienen siglos de separar sexo y amor, porque pueden tener hijos más tiempo vital que las mujeres, tienen más poder en este campo. Al mismo tiempo que han perdido poder en otros. Y es un poder que están dispuestos a usar. Este es un modelo, que a pesar de muchos cambios, se sigue transmitiendo a las nuevas generaciones”.

Por lo tanto un trabajo con los varones constituidos hegemónicamente desde una perspectiva de psicoanálisis y género es responsabilizarlos de sus actos. En otros palabras, eticisarlos. Que las mujeres y otres desigualades entren el campo del semejante. Interpelándolos, al mejor estilo del Lacan de “Intervención sobre la transferencia”: ¿qué tiene que ver usted con aquello de lo que se queja?

Caso 2. Varón de 34 años, que se analiza conmigo hace 5 años. Llega porque la mujer no lo banca más porque tenía reacciones muy violentas. Hoy, 5 años después hablando de estos temas dice: “Soy una prueba de que un machirulo puede cambiar. El pibe que yo era a los 18 años, le haría bulling al tipo que soy hoy”.


Caso 3. Pibe de 14 años, escrachado por ex novia que resignifica 1 año después que mucho de lo que hacían juntos “no estaba bien” y lo acusa a él. Ella no tiene nada que ver. El dice que la bancaba en todo (piba muy sola, en banda, y con muchos bajones) y que le “cobraba” no tratándola tan bien.


Caso 4. Piba de 18 años que me cuenta que se cruzó con un conocido por la calle y le agarró una crisis de angustia que la paralizó. Me cuenta que ese pibe hace 3 años formó parte de una violación grupal que le hicieron a ella en una previa cuando estaba muy tomada. Que en ese momento no se daba cuenta que eso era cualquiera. Hoy está aterrorizada.

Caso 5. Piba de 17 años que tiene sexo con varones y mujeres. Pero se empareja solo con chicas, porque les tiene miedo a los varones.


B- En la investigación sobre varones adolescentes


Caso 1. Pibe de 14 años: mis amigos dicen que si no aprovechas a cogerte una piba cuando esta fumada o tomada, sos puto.


C - Entrevista a Ofelia Fernández por Mariana Carbajal

“Teníamos mucha angustia por la muerte de Lola Chomnalez, a quien conocíamos. El feminismo nos puso a trabajar la angustia”.

“Como centro de estudiantes teníamos un tema con el jefe de preceptores que era muy violento. Usando el mapa conceptual que nos aportó el feminismo, pudimos ver que las víctimas en su mayoría, eran mujeres”.


D - En la institución escolar

En las escuelas secundarias han salido a la luz situaciones de abusos, se han hecho denuncias por esas situaciones de abuso y han habido acciones de auto-defensa que se llaman escraches.

Todo el año pasado estuve trabajando con un equipo de 20 colegas en el Colegio Nacional Buenos Aires. Equipo armado con base en el equipo de la Cátedra Introducción a los Estudios de Genero de la Facultad de Psicología UBA con esos temas.

A partir de ahí se creó un grupo de intervención que se llama “Escuelas” que ha hecho numerosos trabajos en diversas instituciones educativas todo este año

Las autoridades nos llamaron porque había mucho sufrimiento, la escuela se había convertido en un lugar muy hostil para todes.


Nos pidieron que trabajemos con los grupos problemáticos, les ofrecimos trabajar con todes. Porque los grupos problemáticos son solo la punta del iceberg de algo mayor que es el malestar actual en las relaciones de los géneros. En la adolescencia, esta generación de mujeres no quiere entrar al “corset de género” y los varones siguen formateados con el modelo de la masculinidad hegemónica en el campo de lo sexo afectivo.

Trabajamos con todes: alumnado, docentes y autoridades y familias.

Transmitimos nuestra visión del tema.

Escuchamos y pensamos en conjunto.

Identificamos juntes el problema y también las estrategias para el cambio.

De este modo, apareció la idea de que había una salida.

No resolvimos todo, es solo el comienzo de un proceso.

Pero logramos bajar el grado de crueldad y malestar.

Y se instaló la esperanza de que todes juntes hablando y escuchándonos en diferencia podemos cambiar las cosas y sentirnos mejor.

Les pibes hablaron y aparecieron cosas increíbles. Apareció su creatividad para resolver problemas. No eran solo “barderos” a quienes había que controlar y /o sancionar.

Apareció el consentimiento, Preguntar explícitamente si la otra persona quiere lo mismo que yo y aceptar su respuesta. Hay un mito que necesariamente te “la baja”.

Y no es así. Es un buen invento autogestivo.

Y no lo sacaron de la nada. Lo toman de los protocolos médicos y de la investigación con seres humanos regidos por el protocolo de Helsinki.

Y lo pusieron a disposición para los nuevos modos de amar y desear, sin lastimar, sin abusar.

Elles preguntan personalmente o por whatsapp y otras aplicaciones: ¿Da para darse?

El consentimiento de hoy es como el preservativo en los 90 con la epidemia del HIV.

Entonces empezamos a tener sexo con un nuevo amigo: el forro.

El nuevo amigo hoy, es el consentimiento.

También aparecieron otros inventos autogestivos:

Los grupos de varones en deconstrucción.
Las mujeres empoderadas.
Patrufem en fiestas: conductor designado.
Cambios de reglas en bailes y fiestas, uso del celular. Fotos.
El escrache como medida autogestiva de respuesta frente a la ausencia de acción autoridades/ mundo adulto.

Talleres: reclaman adultos éticos y responsables. Para cuidarlos y sostenerlos en momento de construcción de las identidades.

Las intervenciones más típicas del mundo adulto: legitimación del modelo patriarcal, con modalidades de naturalización de la masculinidad hegemónica y de la femineidad tradicional.
Que las chicas: se cuiden. Que entren el corset de género.
Por eso trabajamos con familias, docentes y autoridades.

Una reflexión sobre la relación entre traumatismos colectivos y traumatismos individuales. (Debate previo con Susana Toporosi en Agosto).

Hablando con una colega, Diana Wang, que ha trabajado con sobrevivientes del holocausto, me señalaba el costo individual de quienes dijeron lo indecible cuando todavía no se había podido escuchar. Hablando de los que se suicidaron.

Luego recordé algo que presenté hace 2 años en un congreso de la Federación Argentina de Psicólogos (FEPRA) de Derechos Humanos y Salud Mental cuando decidieron introducir en ese marco a la perspectiva de género. Entonces señalé que recién hace poco se puede hablar de que los abusos y violaciones formaron parte de la tortura a mujeres en la dictadura. Otra vez decir lo indecible. Se dice cuando se puede empezar a escuchar.

Susana Toporosi plantea que en su trabajo que se encuentra con madres “que no ven” los abusos hechos o padecidos por sus hijos/as. Entiendo que hacen parte de una generación en la cual todavía había que no ver, o callarse por el “lío familiar” o institucional que se podía armar efecto de que las mujeres hablen y vean.

Entiendo que esto tiene status de trauma colectivo. El silencio de generaciones de mujeres de los abusos sufridos, mayormente intrafamiliares, porque “eso” no se podía decir. No había palabras colectivas para nominar y legitimar que eso estaba mal y causaba dolor.

Y ahí pienso la necesidad de dar una respuesta que articule el trauma colectivo y el trauma individual. Aun cuando trabajemos en el consultorio en el uno a une, estas problemáticas están inscriptas en una trama mayor de un momento histórico en el cual las mujeres no nos callamos más. Y es un deber ético desde nuestra perspectiva ponerle palabra a ese dolor.

Las viñetas desarrolladas respetan la lógica de los casos, pero portan las transformaciones necesarias para sostener la discrecionalidad y reserva correspondientes a cada abordaje clínico.

Ponencia presentada en el Panel “Géneros y lazos sociales: imaginarios en tensión” en las XIV Jornadas de Psicoanálisis y Género del Foro de Psicoanálisis y Genero de APBA. Noviembre 1 y 2 2019

Débora Tajer es Licenciada y Doctora en Psicología (UBA), Magister en Ciencias Sociales y Salud (FLACSO/CEDES), Egresada Residencia en Psicología Clínica Hospital Braulio Moyano (GCBA). Profesora Adjunta a cargo de la Cátedra Introducción a los Estudios de Género y Profesora Adjunta Regular Cátedra Salud Pública/Salud Mental II de la Facultad de Psicología UBA. Investigadora Categoría I UBACyT y Directora de Investigación de Proyectos UBACyT en Salud, Subjetividad y Género desde 1998.

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