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11 DE ABRIL DE 2017 | APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO

Las sillas no son para sentarse, ¡son para pensar!

Como docentes debemos conectar la ciencia del aprendizaje- cómo aprende el cerebro- con las prácticas áulicas para todos los alumnos. Mucho de lo que los expertos han compartido acerca de las neurociencias, lo han hecho en los últimos 5 a 10 años.

Por Laura Lewin
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No podemos olvidar que el aprendizaje es un fenómeno neuro-fisiológico que ocurre a través de procesos bioquímicos en el cerebro, y el crecimiento y reorganización de conexiones neurales. Esto implica que como docentes debemos conocer cómo aprenden los niños y empoderarlos con esta información.
Una fórmula muy sencilla de comprender la ecuación del aprendizaje sería:

Atención + memoria= Aprendizaje
Necesitamos recibir toda la información posible acerca de cómo mejorar la atención y la memoria de nuestros alumnos para que puedan aprender más y mejor.
Ya sabemos que enseñar no es igual a aprender. El docente enseña, pero el alumno ¿aprende?
Hagamos un pequeño ejercicio: ¿Qué ropa usaste ayer? Tal vez te acordás.
Pero si te pregunto, ¿Qué ropa usaste ante ayer? ¡Seguramente no te acordás!
Esa información fue directo a la memoria hipocámpica- llamémosla intermedia para que te acuerdes mejor- y nunca llegó a la memoria de largo plazo. Como docentes, debemos trabajar para que el contenido llegue a la memoria de largo plazo.
Sabemos que hay una diferencia enorme entre recordar o memorizar y aprender. Si todo lo que hacemos es “poner” información dentro de la cabeza de los alumnos y pedirles que recuerden fechas o información, esa información nunca llega a la memoria de largo plazo. Se queda en la memoria hipocámpica (intermedia) hasta que es olvidada al poco tiempo.
Entonces, ¿qué debemos hacer para ayudar a esa información a llegar a la memoria de largo plazo? Por empezar, si están en edad de escribir, ¡hacer que los alumnos escriban! Tomar nota es parte de un proceso en el cual el alumno recibe la información, la decodifica, la procesa, elige las palabras ya que no puede escribir literal por un tema de tiempo, y la saca a través de la escritura. Todo ese proceso ayuda a que la información pase a la memoria de largo plazo.
Además, para aprender hay que “hacer” algo con la información: repetirla, dibujarla, realizar mapas mentales, mapas para pensar, organizadores gráficos, líneas de tiempo, etc. Sin actividad mental, no hay aprendizaje. La repetición es clave para aprender. Pero no repetir lo que dice el docente; lo que buscamos es que los alumnos lo repetan en sus propias palabras.
Claramente, el docente es responsable de captar la atención de los alumnos.
Desde el día uno, docente y alumnos forman una sociedad. Y esa sociedad debe consolidarse, ya que sin vínculo no hay aprendizaje. Si como profesionales que somos nos hacemos responsables de nuestras decisiones y acciones, y nos comprometemos a colaborar con el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos, seríamos capaces de cosas fantásticas!
Esto implica, trabajar con sus fortalezas, como así también con sus debilidades, implementar estrategias que desarrollen la atención y memoria de los chicos, trabajar los vínculos para generar relaciones de confianza y de seguridad, eliminando toda amenaza posible. No aprendemos si no nos sentimos seguros…. La ausencia de amenaza en el entorno educativo es uno de tus mayores retos. ¿Qué estás haciendo para generar un clima libre de amenazas, con alumnos alegres, y receptivos?
Altos niveles de cortisol (una de las hormonas del estrés) en el cerebro hace que los chicos no puedan aprender o recordar. De acá la importancia de trabajar la ausencia de amenaza en el aula.
Volviendo al tema de captar la atención de los alumnos, debemos planificar clases en donde el comienzo mismo sea contundente. Lo más importante se enseña al principio, y lo segundo más importante al final. Generemos tramos de clases interesantes, con recreos mentales cuando la atención decaiga. Si vos comenzás a dictar una clase y terminás a los 40 minutos, debés saber que en ese interín fuiste “perdiendo” a muchos de tus alumnos. Captar la atención externa, sostenida y selectiva de los alumnos puede ser para muchos docentes una tarea casi imposible. Por más interesante que sea el contenido, no podemos prestar atención de manera ininterrumpida. Ya sabemos que tenemos 10 segundos para captar la atención de los alumnos y después 10 minutos para sostenerla. Al minuto 11 la atención cae en forma sostenida. Obviamente, en el nivel inicial, este tiempo es menor, y con adultos, un poquito mayor.
Como un mago, primero tenés que captar la atención de tus alumnos. Recién ahí te van a prestar atención.
La atención es cíclica. La intromisión cerebral es la que te saca la atención de los alumnos. Esto significa que aunque parezca que están escuchando, pueden no estar haciéndolo! La atención es cíclica- va y viene, va y viene. Debemos hacer algo emocionalmente relevante para volver a captar la atención de ellos. Una aliada en captar la atención de los alumnos es la novedad. ¿Con qué los vas a sorprender hoy? ¿Una anécdota, un nuevo diseño de aula, una visita?
La conexión emocional es la otra clave. ¿Querés que recuerden? Hacé que lo que expliques sea significativo y relevante, que puedan relacionarlo con sus vidas. Los alumnos deben poder contestar la pregunta “para qué me sirve esto en mi vida? En cualquier momento de la clase. Tenemos muchas más chances que los alumnos aprendan si lo que enseñamos es significativo y relevante.
Cambiar las láminas, o la decoración del aula ya tiene un impacto en la atención de los alumnos.
Pero no se trata de decorar el aula. Se trata de diseñar un aula para generar los resultados esperados. No queremos sillas para sentarse… ¡queremos sillas para pensar! Se trata de diseñarla para mejorar el aprendizaje. ¿Y si en vez de preocuparnos porque los muebles fueran más flexibles, creáramos lugares que generaran que los alumnos fueran el elemento flexible en el aula? Los alumnos podrían trabajar donde quisieran, cuando lo necesitaran. ¿No sería maravilloso?
La evaluación no es un tema menos. Para optimizar el proceso de enseñanza, debemos poner todo el foco en la evaluación formativa. Más evaluaciones sin nota mejoran el aprendizaje. La autocorrección, mejora la memoria. Debemos brindarles la oportunidad a los alumnos de generar más proyectos, de integrar el arte al aprendizaje, y de demostrar otros tipos de competencias y habilidades. Esta es la gran diferencia entre la evaluación del aprendizaje vs. la evaluación para el aprendizaje.
Todo el tiempo estamos evaluando, pero de maneras sutiles. Al terminar la jornada, que te pares en la puerta y les pidas a los chicos un “pasaporte de salida” (que tengan que decirte una cosa que aprendieron ese día, o una cosa que les gustó, etc), es suficiente para trabajar la metacognición (la reflexión) al momento de cerrar la clase. Esto te brinda la oportunidad de medir si los chicos aprendieron, si debés re enseñar algo, todo, o podés avanzar, a la vez de darle la posibilidad a los chicos de cementar lo aprendido.

Los docentes de este siglo tienen una ventaja por sobre otros docentes. Tienen información al alcance de la mano. Pero esto implica que tienen que moverse con mayor agilidad, dinamismo y ritmo. Necesitan saber cómo aprende el cerebro para poder maximizar el potencial de cada chico en sus aulas. Cada alumno necesita ayuda y guía para alcanzar su mayor potencial. ¡Ojalá esta información sea de utilidad para potenciar tu práctica docente!


Laura Lewin es capacitadora, consultora y autora. Preside el Congreso Internacional de Desarrollo Profesional para Profesores y Coordinadores de inglés, y el Congreso Internacional para Directivos Innovadores de Instituciones Educativas, ambos en Buenos Aires. Dirige ABS International, una empresa de capacitación educativa, desde el año 1992. Es autora de” Gestión educativa en acción - cómo desarrollar, motivar y liderar a tu equipo docente”, y de “El aula afectiva - claves para el manejo eficaz del aula en un entorno afectivo y efectivo”. Su tercer libro, “Si querés que tus alumnos aprendan, ¡dejá de enseñar!”, se edita este año.

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